Sin ninguna tradición artística familiar, le costó algo convencer a su padre, abogado y empresario, de las excelencias de esta carrera. Dejó su ciudad natal, San Sebastián, y se plantó en Madrid con 17 años decidida a demostrar que a base de trabajo ella conseguiría sus sueños. Ya lo ha hecho. Pero la ganadora del Goya por Celda 211 no es una mujer conformista. Tampoco se ha vuelto loca y se ha puesto a investigar en otros terrenos porque sí. A sus 34 años, Marta Etura tiene un objetivo y lo defiende con ahínco: “Soy actriz y todo lo que hago es para crecer como intérprete”. Y así, el jueves pasado se estrenó como bailarina en un espectáculo de danza, Return, que estará en el Matadero de Madrid hasta el domingo, al mismo tiempo que se ha lanzado a la dirección teatral con Invierno en el barrio rojo, una intensa obra que se ha representado en Madrid durante cinco semanas y que ha llenado a diario con entusiastas aplausos finales.
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