
| LA EXCELSA SIMBIOSIS DE ARANTXA SAGARDOY Y ALFREDO BRAVO
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25.11.12
Ayer sábado tuvimos el placer de asistir a una representación de “Las Criaturas de Prometeo” de la Compañía de Danza Plan B, en el Auditorio Monserrat Caballé.
Arantxa Sagardoy y Alfredo Bravo, directores de esta compañía, son muy conocidos ya por los aficionados a la danza madrileños. Nos han visitado nada menos que en cuatro ocasiones en los dos últimos meses: dos como coreógrafos de otras compañías -el Ballet de la Comunidad de Madrid Víctor Ullate y la Compañía Nacional de danza- y otras dos con su propia compañía de danza Plan B.
Si tanto el Maestro Ullate como José Carlos Martínez han demandado sus creaciones… No se puede dudar de la excelencia artística de su trabajo, y sí buscar las razones que los hacen tan solicitados.
Y es que si algo caracteriza a Arantxa y Alfredo es la excelente simbiosis que generan entre música y danza. Su talento y hondura posee el raro don de enriquecer por igual tanto la partitura como la coreografía. Ahondar en este ámbito no es una materia fácil, debido a la grandiosidad sinfónica de las composiciones que seleccionan. Se corre el peligro de constreñir la música en aras de una trivialidad escénica. Pero cuando la unión es feliz, como en los trabajos de Arantxa y Alfredo, sucede todo lo contrario: la música amplía su significado, toma cuerpo y se hace aun más viva.
Para el Ballet de la Comunidad de Madrid Víctor Ullate, estrenaron “Nexo” con la música de “La Consagración de la Primavera” de Stravinsky. Fue una coreografía espectacular, impactante, que no dejó indiferente a nadie. Sorprendió e innovó en todos sus aspectos, sin olvidar el vestuario, y por supuesto la gran ejecución de unos bailarines tan magníficos como tiene en su elenco el Ballet de Víctor Ullate.
Estrenaron también con la CND, en el Mercat de les Flors, “Babylon”, con la “Sinfonía nº 8” de Shostakovich, y que he tenido ocasión de ver en tres ocasiones: la primera, en un ensayo en “Una Mañana con la CND”, en la sede de la compañía, donde puede apreciar la evolución de la coreografía y de los bailarines en aras de alcanzar el resultado final. Y dos, recientemente, en el Matadero, con dos repartos diferentes.
“Babylon” es brillante, bellísima, con todos los detalles cuidados al máximo, una música sobrecogedora, una escenografía enigmática, elegante, bañada en un monocromatismo dorado, sin contrastes... Percibo en su ambientación un algo onírico, un viaje a un mundo lejano cuya opresión hace que se asemeje al nuestro, a la mecánica de rumbo fijo que traza la aplastante ciudad sobre los que la habitamos. La coreografía, muy elaborada, con muchos movimientos y pasos a dos que favorecen el lucimiento de los bailarines, fue muy apreciada por el público, que es quien realmente se acerca con los ojos más limpios a sentir un espectáculo.
Cuando me enteré que Arantxa Sadargoy y Alfredo Bravo venían de nuevo a Madrid, a Arganda, con “Las Criaturas de Prometeo” no dudé en asistir, y quise ir a verlos animada por el aliciente de que ellos mismos bailaban. No me decepcionó.
“Las Criaturas de Prometeo” es un precioso ballet con aires mitológicos. Estrenado en 2010 en el Auditori Camp de Mart, está basado en el Mito de Prometeo y con la música del único ballet que Beethoven compuso: “Las Criaturas de Prometeo” (1810), dedicado al bailarín Vigano. No es necesario recordar a los amantes de la danza que Vigano fue el gran bailarín de su tiempo, admirado en las cortes de toda Europa, y que en sus inicios vivió varios años en España, y dominaba la danza española, pues era sobrino de la esposa del gran compositor Boccherini, que habitó entre nosotros.
La coreografía es muy plástica, se mezcla el ballet clásico con la danza contemporánea, y en los bailarines se aprecia y se agradece la importante base de técnica clásica que poseen.
El ballet tiene dos actos y te engancha totalmente por su intensidad dramática, de principio a fin. Dura una hora y media, y se hace corto.
El primer acto: “De lo divino”, nos narra el mito de Prometeo, un titán que le robó el fuego a los Dioses para dárselo a los hombres, por lo cual Zeus lo encadenó a una roca, donde acudía todos los días un águila a devorarle el hígado, órgano que se le reproducía cada noche. Prometeo sufrió este tormento hasta que lo liberó Hércules, que dio muerte al águila.
El mito de Prometeo queda perfectamente reflejado a través de la danza, de la intensidad dramática de sus protagonistas, y también de la ambientación, mediante las secuencias coreográficas, la escenografía y las luces.
Alfredo Bravo es un Prometeo muy real, y Arantxa Sagardoy es el águila majestuosa. Son muy expresivos, y muestran claramente cual es su papel en la obra. Destacables sus pasos a dos, con grandes levantadas y giros cinéticos.
El segundo acto “De lo humano“, es una arriesgada propuesta filosófica de los coreógrafos, ambientada en el mundo actual, que apuesta por un tema constante en sus coreografías, “el ser”, en esta ocasión, de su dualidad, nunca estamos contentos con lo que tenemos, la vida carece de sentido, tristeza, pérdida de Dios, pero nos deja una puerta abierta a la esperanza“.
La coreografía es muy ágil y vistosa en esta segunda parte, combinación de caídas y saltos, y los bailarines transmiten muchísimo.
En general, el cuerpo de baile muy bueno y con ganas de entregarse al público, que lo agradeció al finalizar la representación con un largo aplauso.
Arantxa Sagardoy y Alfredo Bravo son un lujo, todo un descubrimiento, a los que deseamos una larga vida creativa en su firme camino, trazado y consolidado con rasgos estilísticos propios que hemos admirado en estas tres excelentes obras.
Paola Panizza Mieza
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Paola Panizza Mieza
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